You are using an outdated browser

In order to deliver the greatest experience to our visitors we use cutting edge web development techniques that require a modern browser. To view this page please use Google Chrome, Mozilla Firefox or Internet Explorer 11 or greater

Descubre todas las ventajas de ser parte de nuestra comunidad.
Community
INICIA SESIÓN

Entra en Community para disfrutar de todas tus ventajas.

ÚNETE A COMMUNITY

Únete ahora y empieza a disfrutar de muchas ventajas gratis si te haces Seguidor y más beneficios si te haces Amigo o Miembro Corporativo.

DESCUBRE COMMUNITY

El nuevo espacio para amantes del arte y la cultura en el que puedes participar como Seguidor, Amigo o Miembro Corporativo.

DESCUBRIR VENTAJAS

La exposición

16 de marzo, 2018 – 10 de junio, 2018

Esther Ferrer (Donostia/San Sebastián, 1937) es una pionera del arte de performance en España y una de sus principales representantes. Desde el inicio de su carrera, a finales de los años sesenta, desarrolla diferentes líneas de pensamiento a través de una gran variedad de formas y materiales.

Su obra puede inscribirse en la corriente de arte minimalista y conceptual. Iniciada en la década de 1960, toma como referentes a creadores como Stéphane Mallarmé, Georges Perec o John Cage, así como los feminismos de aquel momento. Desde 1967, fecha en que comienza a participar en las actividades del grupo Zaj con Walter Marchetti, Ramón Barce y Juan Hidalgo, convierte el arte de acción en su principal medio, si bien a partir de 1970 vuelve a realizar obras plásticas a través de fotografías intervenidas, instalaciones, cuadros y dibujos basados en la serie de los números primos, objetos y piezas sonoras. Con acciones muy directas e irremediablemente provocadoras, el grupo Zaj continúa su andadura hasta 1996, año en que se disuelve, tras su exposición retrospectiva en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS, Madrid).

Ferrer define el género de la performance como “el arte que combina el tiempo y el espacio con la presencia de un público que no es mero espectador, sino que también participa en la acción”, valorando por encima de todas las cosas la libertad del espectador: no le ofrece conclusiones, sino preguntas, cuestionamientos, para que, de manera autónoma, genere su propia interpretación personal de la obra.

A lo largo de su extensa carrera, la artista ha participado en numerosos festivales de arte de acción y ha expuesto su obra en distintos museos. Asimismo, ha sido objeto de diversos reconocimientos: en 1999 fue una de las representantes de España en la Bienal de Venecia; en 2008 fue galardonada con el Premio Nacional de Artes Plásticas; en 2012, con el Premio Gure Artea del Gobierno Vasco; y en 2014, con el Premio Marie Claire de l’Art Contemporain y el Premio Velázquez de Artes Plásticas.

En esta exposición, Esther Ferrer presenta casi exclusivamente instalaciones inéditas, que no se habían materializado hasta ahora, y serán activadas de forma especial a través de performances o de la interacción del público.

Laboratorio de la Risa y Entrada a una exposición. A partir del 5 de mayo, de 11:00 a 14:00 h y de 16:00 a 19:00 h


Entrada a una exposición (1990/2018)

Esther Ferrer explica el espíritu y la intencionalidad de su obra Entrada a una exposición de la siguiente manera:

La piel envuelve la vida, es el primer vestido del ser humano, es la frontera entre dos mundos y, como escribió Valery, “lo más profundo del hombre”. Pero la piel es también lo más superficial del hombre, una palabra que viene de “superficie”, y esta de facies (“faz”). Nuestra piel es como la superficie de un espejo que reflejara esa profundidad de la que habla el poeta.

Sujeto del amor o de la agresión, memoria, soporte de ritos, objeto de discriminación, la piel es también una fuente de información difícil de controlar de nuestro estado físico y anímico; algunos dirán incluso que es “el espejo del alma”. Pero, además, y sobre todo, la piel es la puerta de entrada de nuestras sensaciones, gracias a las interacciones entre la piel y el sistema nervioso que las transmite al cerebro.

La instalación Entrada a una exposición pretende que cada cual tome conciencia de su propia piel a partir del contacto con un elemento externo, en este caso la sensualidad de las plumas. Es una obra pensada con el objetivo de despertar sensaciones, estimular la receptividad del   espectador y aumentar su capacidad de percepción, crearle un estado de “alerta” placentero y ser un estímulo preparatorio para visitar el resto de la exposición. Se trata de sentir, no de pensar; de ello ya se encarga el resto de la exposición.

Ferrer busca diferenciar con claridad la experiencia sensorial que provoca esta obra del tipo de experiencia que ofrece el resto de la exposición. Lo que se muestra a continuación en la muestra, en contraste, está dominado por la sobriedad, por una materialidad mínima, por el desarrollo de ideas y conceptos abstractos, como los esquemas matemáticos que subyacen en sus Proyectos espaciales.


Las risas del mundo (1999/2018)

“Atención, reírse puede ser peligroso para su enfermedad”.

El humor es un elemento indisociable de la obra de Esther Ferrer. La mayor parte de sus creaciones parecen atravesadas por un gran sentido del humor. De hecho, es esa mirada absurda sobre la sociedad, cargada de ironía, tan propia de la artista, lo que le permite construir una obra de marcado carácter crítico.

En esta ocasión, Ferrer trabaja sobre la risa. Para ello, coloca toda una serie de dispositivos electrónicos suspendidos sobre distintos puntos de un gran mapamundi, ubicado en el suelo. Se trata de 37 tablets que muestran imágenes de bocas pertenecientes a personas de diferente edad, género y procedencia. La reproducción de estas grabaciones sonoras obedece a la interacción con el espectador: se activan en el momento en que un visitante se acerca. Esto permite celebrar lo que la artista llamó, al hablar de esta pieza, “conciertos de la risa” espontáneos.

La instalación está concebida también para accionar de manera aleatoria la reproducción de grupos de risas, dependiendo de la ubicación de los visitantes en el mapa.

Toda la obra está basada en el empleo del sonido de la risa como material sonoro y efímero que puede convertirse en objeto artístico. Ferrer se apropia de un sonido orgánico y natural, la risa, lo expande en el tiempo a través de la grabación, lo ordena en el espacio de un mapamundi y lo deja en manos del espectador, que decide el orden de su reproducción. Mediante este proceso, convierte la risa en un elemento de composición musical.

Esther Ferrer ha explicado así la finalidad de esta obra:

La instalación Las risas del mundo no pretende ser una risoterapia; su objetivo fundamental es que el espectador, además de reírse, “escuche las risas del mundo”, la de los niños, la de los viejos y la de los adultos de diferentes países y culturas, pues cada cultura, cada lengua —algunos estudiosos afirman que la risa es el origen del lenguaje— modela la risa diferentemente. Algunas veces esta diferencia es evidente, otras lo es menos.

Además, el espectador tiene a su disposición en la muestra el Laboratorio de la risa, donde puede crear, a partir de su propia risa, “otras risas insólitas, sorprendentes, difíciles, si no imposibles de reproducir por las cuerdas vocales humanas”, según palabras de la propia artista.

Instalaciones con sillas (1984 y 2018)

En esta exposición se presentan dos instalaciones de Ferrer con sillas: una de ellas pertenece a la serie Instalaciones con sillas, de 1984, y otra, a la serie Sillas supendidas, de 2018, proyectos materializados por vez primera en un espacio expositivo. La artista aclara el concepto en el catálogo de esta exposición:

Desde siempre me han interesado las sillas, objetos cotidianos, casi anodinos, pero que, con su sola presencia, pueden modificar el espacio de una habitación. 

Siempre me sorprende la cantidad de modelos que se han creado, y seguirán creándose, de una cosa tan elemental, tan simple, como una silla. Pero lo que me atrae, sobre todo, es su estructura, ya sean de madera, de plástico u otro material, plegables o no.

Otra cosa interesante de la silla es su cualidad “antropomórfica”; ver una silla es pensar en el ser humano, con todo lo que ello puede sugerir. Cuando se la despoja de su tapicería y ornamentos, y aparece su “esqueleto”, es un conjunto de líneas rectas o curvas que se organizan de una forma casi orgánica. Si esta riqueza estructural de una silla se combina en un conjunto, bien sobre el muro, bien ocupando el espacio, la variedad de formas que resulta puede ser fascinante.

Quizás el origen de mi trabajo con ellas es la imagen de las sillas volantes de los tiovivos de mi infancia, suspendidas con cadenas y girando de forma vertiginosa. 

He realizado diferentes instalaciones con sillas: unas veces son simplemente un diálogo de formas en el espacio, suspendidas con cables, finos o no; otras tienen además una significación política o social. Las puedo utilizar solas o formando un conjunto, tanto en mis instalaciones como en mis performances. En estas últimas, el empleo de elementos cotidianos es fundamental para mí, y ¿qué hay más cotidiano que una silla? Pero, aun así, sus posibilidades son muchas; entre ellas, por ejemplo, la de convertirse en un elemento sonoro en una de mis acciones.

Serie Proyectos espaciales (1990/2018)

Esther Ferrer comenzó a trabajar en sus Proyectos espaciales en los años setenta. Estas instalaciones que podemos contemplar aquí son de las más tempranas de la serie. Las diseñaba empleando estructuras de cartón o cartón pluma, similares a las maquetas arquitectónicas, en las que colocaba hilos.

La artista afirma: 

Nunca he tenido especial interés en llevar a cabo mis proyectos en un espacio físico a gran escala; si la maqueta funciona, para mí la obra está hecha. Si no puedo realizarla en un espacio real no pasa nada. Lo que me interesa es el proceso.

Durante su proceso creativo, la artista fijaba los hilos en los distintos planos de la maqueta, las paredes, el techo y el suelo. Medía distancias regulares entre los puntos de sujeción de los hilos, con el fin de que, al colocarlos, parecieran líneas que atravesaban el espacio siguiendo esquemas geométricos. Sus infinitas variaciones motivaron el carácter seriado de estas obras. Variando solo pequeños detalles, como el número de hilos o la distancia entre ellos, se modificaba por completo el planteamiento matemático de bas y, de esta manera, la artista conseguía infinidad de resultados diferentes.

El hilo, el cable, el elástico o la cuerda son materiales frágiles, en algunos casos flexibles y cotidianos, que cualquiera puede tener en su casa. Ferrer los emplea en sus instalaciones, fijándolos únicamente mediante horquillas o clavos, y disponiéndolos entre las paredes desnudas, el suelo y el techo. De esta forma, con el mínimo de elementos, interviene en el espacio, otorgándole unas características nuevas que modifican la percepción del espectador.

Ferrer somete estos elementos a un intenso rigor matemático, situando las horquillas de sujeción a diferentes intervalos, medidos para generar distintos ritmos, direcciones y retículas que alteran la percepción del espacio y su tránsito. Así, a través de ángulos que se quiebran o se pliegan en las esquinas, se generan formas geométricas.

La artista ha hablado así de estas obras: 

En algunas instalaciones decido someterme a una norma (es una manera de eliminar en la medida de lo posible mi subjetividad) o a un sistema que yo decido (por ejemplo, la serie de los números primos); otras, por el contrario, las estructuro de forma aleatoria, dejándome guiar por una intuición que determina su ritmo.

Uso de cookies

En esta página, utilizamos cookies para aportarte una mejor experiencia de navegación y un servicio más personalizado. Si continuas navegando, consideramos que aceptas su uso.
Puedes cambiar la configuración u obtener más información consultando nuestra política de cookies